Archivos Mensuales: abril 2013

Aprendizaje 2.0 en las Administraciones Públicas


AprendizLas escuelas, las universidades, y todos aquellos agentes implicados en el aprendizaje y la formación están alterando el modelo tradicional a través de la incorporación de la tecnología. Las Administraciones Públicas no van a ser menos y cada vez más y más se suben a ese tren, a veces en marcha y de forma vertiginosa, pero ya están recorriendo el camino con la tecnología de la mano y adaptándose poco a poco: sin prisa pero sin pausa.

Nunca el aprendizaje ha sido tan interactivo y tan colaborativo como ahora. Jamás los profesores implicados en la formación online habían sido tan capaces de compartir el contenido con los alumnos. Nunca antes los contenidos habían sido tan enriquecedores empleando tal y como sucede cada vez más, nuevos métodos, formatos y materiales. Y qué decir de los cursos en abierto como los de Coursera y totalmente gratuitos desarrollados por universidades de élite de todo el mundo.

La sociedad y las comunidades cada vez están mas incorporadas al mundo digital, el de los vídeos, documentos electrónicos, podcasts y aplicaciones que junto con las herramientas 2.0 fomentan una participación más activa y personalizada en el aprendizaje. Ya lo dijo Edgar Dale en su famosa pirámide del aprendizaje: a mayor interacción del alumno en el proceso del aprendizaje, mayor eficiencia en la transferencia del conocimiento. Pasemos de la pasividad y avancemos hacia la actividad. Está claro, si las Administraciones Publicas quieren acompasarse con el mundo real deben ir hacia eso y en la dirección correcta.

Por eso la creación y elaboración de contenidos formativos ha de ser más creativa y motivadora, aunque requiere un profundo cambio de mentalidad y un gran esfuerzo en todos los agentes implicados en dicha transferencia.

Lo más importante en este cambio tan positivo tanto para los educadores,  formadores y profesores como para los receptores del conocimiento es que mediante el uso de las herramientas 2.0 se logran comunidades de aprendizaje con un fin común, que se relacionan e integran a través de la tecnología. No sólo adquieren conocimientos de forma individual sino que los comparten, lo que supone a mi juicio una de las herramientas más potentes en el camino del aprendizaje.

El desarrollo del aprendizaje además nunca ha sido más respetuoso con el alumno. El ritmo, dentro de unos márgenes razonables, lo determina el receptor y esta en función de su velocidad de captación de contenidos y en cómo necesita y decide asimilarlos. Actúa su voluntad: es más activo. Estos son los componentes más importantes en el nuevo modelo formativo.

No creamos que esto en las Administraciones Publicas es una tarea fácil dado el gran arraigo -como en otros entornos de aprendizaje (escuelas, universidades, etc.)- de la formación presencial y las reticencias por el abandono de la formación tradicional. Quizá por miedo, quizá por comodidad y seguramente desconocimiento. Sobre todo precisa de un gran esfuerzo común e implicación personal que a veces supone vencer barreras. Requiere desarrollar nuevas competencias que no solo van a afectar a la exigencia de unos buenos contenidos sino a la elección de los formatos o incluso medios tecnológicos que se deben usar para producir y publicar los contenidos. Se necesita incorporar, sin excepción, recursos como foros, chats, etc. que permitan interactuar, compartir y colaborar, como ya decíamos, con los demás. En definitiva, el profesor-experto necesita demostrar un dominio suficiente de la materia y de los medios tecnológicos que debe utilizar.

Debe evaluar las ventajas y desventajas de utilizar diferentes medios (los textos digitales, video, multimedia)) para presentar un tema o una idea en particular. Debe integrar múltiples fuentes de información que se presentan en diversos formatos y medios de comunicación (por ejemplo, visualmente, cuantitativamente, por vía oral). Debe tomar decisiones y resolver problemas y evaluar los resultados de esa acción.

Debe integrar en el diseño de su acción formativa el uso estratégico de los medios digitales (por ejemplo, elementos textuales, gráficos, audio, visual e interactivo), y de aquellos recursos formativos para mejorar la comprensión de los resultados, el razonamiento y la evidencia y para agregar interés a la transferencia del conocimiento.

Y todo ello con un objetivo formativo claro y preciso, que a veces es lo más difícil…

…en fin!!!…como decíamos… ¡¡no es tarea fácil!!.

Por eso desde aquí animo e invito a todas las personas con visión de futuro que quieran unirse a este proyecto para que ayuden a promover y a mejorar la adquisición y el desarrollo de estas nuevas habilidades y nuevos retos: Sí, a los empleados públicos 2.0

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Funcionarios 2.0: el cambio empieza dentro


La Administración está planteándose ahora lo que debió abordar hacer 30 años: actuaciones comunes entre ministerios y organismos de hardware y software. Pero hoy el reto no son los equipos, sino las personas y los contenidos. El funcionario 2.0, que debe responder a un retrato robot muy diferente al actual, con los verbos COMPARTIR/COLABORAR como eje de su actividad diaria y de su cultural laboral.

Hace unas décadas la Administración abordó la llegada de la informática armándose de equipos, creando complementos específicos y, finalmente, creando el cuerpo TIC. Este planteamiento de generosa inversión, aparentemente exitoso, debido a la falta de un plan estratégico global ha sido uno de los mayores fracasos de la Administración española. Un despilfarro que ha tenido un coste inmenso, y casi imposible de calcular.

 Las islas informáticas

Los españoles tenemos vocación autonomista, entre otras vocaciones. Únase a eso un cuerpo recién creado, con ganas. Añádase un presupuesto generoso en el capítulo VI. Y no olvidemos que la cultura de la organización veía bien el “avance”, entendiendo por tal el suma y sigue en gastos informáticos. Y por último, un hambre insaciable de hacer cosas (informáticas), las que fueran. Hasta hace cuatro años todos lo que oliera a informática y nuevas tecnologías tenía buena acogida presupuestaria de partida.

La siguiente fase han sido las páginas web, que han crecido y crecen como níscalos después de las lluvias. Un coste excesivo por la proliferación y otro coste excesivo porque en más de un caso el portal se ha diseñado, rediseñado y vuelto a diseñar. ¿De verdad necesita la Administración esa enorme cantidad de portales, haciendo cada uno la guerra por su cuenta? Afortunadamente aquí algo se ha logrado en la imagen con las guías de diseño web, y también en la ordenación de sus procedimientos electrónicos gracias a la regulación normativa de las sedes electrónicas. Pero poco más.

El cocido electrónico

 Con estos ingredientes el producto no podía ser otro: ¡cocido madrileño! Realmente hemos generado un guiso con un puñado de garbanzos.  Los garbanzos son los dos centenares de ministerios, órganos, organismos, entidades y otros entes atomizados. Cada uno de ellos con sus equipos informáticos, su seguridad, su arquitectura informática, sus sistemas, sus normas limitativas y limítrofes y, con frecuencia, sus incompatibilidades entre sí.

El problema es tan evidente, que hay grupos de trabajo abordando el posible desarrollo de plataformas comunes, y se empieza a hablar del CIO, como gran jefe de todas las TIC dentro de la AGE. Realmente, más de lo mismo, porque no se va a la raiz.  A estas alturas estandarizar mínimamente resulta misión imposible, incluso dentro de un ministerio. ¿Tan difícil hubiera sido en un momento dado establecer unas reglas mínimas comunes?

Ahora podemos hacerlo diferente

Me he remontado a estos antecedentes informáticos, porque ahora estamos a punto de cometer el mismo error de las TIC con las redes sociales. Si queremos ver la botella medio llena, vamos a decirlo al revés: aún estamos a tiempo de hacer las cosas bien.

Por el momento, el comienzo es preocupante. Se está repitiendo la misma película. El fenómeno redes sociales, que es el gran cambio que revolucionará la Administración en todos sus aspectos, se está abordando de la misma manera que se abordó el fenómeno tecnológico: cada ministerio y cada organismo por su cuenta.

Hay ministerios y organismos que están presentes en las redes sociales. Otros las conciben y usan como si fueran un mural muerto para colgar notas de prensa. Otros las prohíben totalmente en sus centros y a su personal. Otros han creado un equipo propio de atención. Tampoco falta los que sufren urticaria sólo de pensar en las redes sociales. Y suma y sigue.

Es decir, estamos volviendo a lo mismo de siempre. Cada órgano u organismo da la respuesta que considera oportuna. Con falsos argumentos de seguridad, si la decisión viene por el área de las tecnologías. O con erróneos argumentos de control de la información, si la decisión parte del área de comunicación adjunta a la máxima jerarquía del organismo.

Las TIC son un jodido tic

Las redes sociales están convirtiendo las “TIC” en un jodido tic que nos impide avanzar, bajo la apariencia de la innovación tecnológica. Hemos hecho un mal uso de las TIC, pero ya no es un problema de más tecnología, más equipos, más programas. Ahora el quid de la cuestión está en comprender lo que esa tecnología ha traído consigo: una revolución cultural, de la mano del mundo 2.0. Y eso no puede ni debe abordarse aisladamente y con voluntarismos improductivos en cada organismo. Debe abordarse en el marco de un plan estratégico y único para toda la Administración.

¿Y por dónde vamos a empezar? Pues por dentro, está claro. En lugar de “protegernos” de las redes sociales como si necesitáramos una cuarentena frente a la epidemia colaborativa exterior, hay que sumergir al funcionario en la cultura de colaborar y compartir.

Dentro y fuera de la Administración, la web social, el mundo 2.0, convierte a cada persona en voz con capacidad de ser escuchada. Para la Administración supone un radical cambio de filosofía. Compartir genera un cambio en la actitud de los funcionarios y de los ciudadanos, y abre las vías hacia un camino de colaboración que hoy no parecemos capaces de imaginar.

Pero, claro, no somos capaces de imaginarlo dentro de la Administración, porque fuera, si es que sigue habiendo un “fuera” y un “dentro” de la Administración, cada vez lo entienden más empresas. Afortunadamente. No podía ser de otra manera, porque no hay más que constatar una realidad: en España hay treinta millones de internautas y el 80 por 100 de ellos hacen uso de las redes sociales. Y sigue creciendo.

Un nuevo funcionario 2.0

Es una nueva realidad, que exige una nueva respuesta, para la que se precisa un nuevo tipo de funcionario. El reto ya no son los equipos, sino las personas. Hay que desarrollar un gran plan estratégico que nos lleve hacia una Administración 2.0, y la gran herramienta de este nuevo proyecto es el funcionario 2.0.

Imaginemos  un funcionario que cuida su imagen de marca personal. Que en los concursos a según que puestos se valora su mayor o menor presencia en las redes sociales. Que escucha lo que recibe del ciudadano y se hace escuchar en otros estamentos administrativos.  Que colabora, comparte y gestiona contenidos.

Imaginemos una Administración abierta y transparente, convirtiendo a sus trabajadores en consultores internos, con conocimiento del proyecto del que forman parte, con preocupación por encontrarle sentido a lo que hace y con motivación para la mejora constante de la organización y del servicio.

Va a suponer un cambio radical en todos los órdenes. El marco global de ese nuevo funcionario tiene un nombre: compartir, empezando por la información. Eso cambia la actitud del funcionario como está cambiando la actitud de los ciudadanos, y facilita el camino hacia la colaboración. Ese es el secreto de la nueva cultura laboral: COMPARTIR Y COLABORAR.

NOTA ACLARATORIA (a las 24 horas de la difusión del artículo)

Al paso de algunas llamadas y comentarios de amigos, en el sano empeño de que el objetivo fundamental del artículo quede claro, diré que para nada se plantea en estas líneas algún tipo de cuestionamiento del cuerpo TIC, de necesidad indiscutible. Mi intención es provocar debate, y el centro del argumento se sitúa en el desarrollo atomizado de las TIC (las tecnologías de la información y las comunicaciones) y el coste que ello ha supuesto.  Nos hemos equivocado, y hemos de reconocer ese error, para no repetirlo ahora con el desarrollo de esa gran revolución que tiene que suponer la aplicación de las redes sociales en la Administración 2.0.

Es verdad que en la implantación de las TIC se ha repetido el modelo habitual de la Administración: cada Departamento y cada organismo desarrolla sus proyectos y compra sus equipos de todo tipo. Una primera diferencia en este caso deriva de que estamos ante un campo nuevo (las TIC),  desarrollo relativamente reciente, y algo podríamos haber aprendido y evitado. Hubiera bastado un planteamiento global. Y la otra gran diferencia, es que en este caso estamos hablando de equipos tecnológicos cuya gran efectividad máxima deriva de la interconexión y la compatibilidad, además del deseable uso múltiple de aplicaciones que se repiten en uno y otro organismo.  

Responsables de lo ocurrido somos todos los que hemos tenido algo que ver con el desarrollo de aplicaciones informáticas; naturalmente en proporción a la dimensión de lo desarrollado por cada cual y también a la capacidad jerárquica de decisión. Pero no perdamos ni un segundo en hablar de culpas y responsabilidades pasadas, porque creo que no importa tanto la responsabilidad de lo ocurrido, como la responsabilidad que tenemos en lo que no debe ocurrir ahora. De ahí mi insistencia en la necesidad de un plan estratégico que dibuje un marco global de Administración 2.0 para toda la Administración General del Estado.

Para mí, estas líneas son mi modesta asunción de responsabilidad sobre lo que deberíamos evitar en el impulso y desarrollo del funcionario 2.0.