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El barniz 2.0 de Adolfo Suárez


// Gerardo Bustos //  

Creo que el homenaje más sincero que podemos hacerle a Suárez  es obtener sus mejores enseñanzas y ponerlas en práctica ahora. Para mí, una sobre todo: la escucha activa y, en función de eso, la capacidad de pactar y liderar un proyecto común, embarcando a la mayoría de la sociedad española. Un barniz de actitud 2.0, salvando las distancias.

Este país machaca en vida a sus héroes y los eleva a los altares cuando se van. Por eso no hay héroes vivos: desde la crítica o la indiferencia al vivo, se cruza el puente directo hacia el mito cuando fallece. Ambos extremos me parecen igualmente absurdos. Estos días abundan los homenajes a Suárez, lo cual está bien, pero deberíamos ahorrarnos la adulación artificial que perjudica la imagen del propio homenajeado.

Estos días hay hemorragia de frases generosas. Pero las más de las veces son generosas sobre todo para quienes las reparten gratuitamente, porque a muchos les sirve para salir del olvido, a otros para intentar reescribir algunos períodos de la transición y a unos terceros para ver si moviendo el árbol cae algún voto.

“Deprisa, deprisa”

Viví la presidencia de Adolfo Suárez en la universidad y en mi bautismo laboral en el diario “Pueblo”. Es decir, mi vida entonces, como la vida del país, se movía “deprisa, deprisa”, y así tengo que seguir viendo aquel período que enterró no pocos tópicos de la Historia de España.  Ahora se está analizando aquellos años con los ojos de hoy. Naturalmente, eso no vale, salvo para extraer enseñanzas.

Creo que hay que hacer el esfuerzo de analizarlo con ojos de entonces. Visto así, creo que la transición fue una obra colectiva, donde todos ejercieron su papel: involucionistas del régimen, reformadores del régimen, rupturistas contenidos y rupturistas sin más. Añadiendo a tan rica fauna los tonos grises, combinaciones, mezclas, matices e hibridación entre varias de esas etiquetas.

Precursor de la escucha activa

Y en medio de todo eso, un personaje valiente y ambicioso (confesado por él mismo), sin más plan que el convencimiento de que había que avanzar hacia la democracia. Manejaba un proyecto cambiante en beta permanente, alimentado con una enorme capacidad de “escuchar” e improvisar el siguiente paso en función de su constante escucha activa. En esa escucha activa, que reescribía cada día su hoja de ruta, es donde veo yo un barniz precursor de actitud 2.0, mucha antes de que las herramientas que hoy conocemos hicieran posible la extensión de la verdadera actitud 2.0

Grandes diferencias entre los dos momentos:

  • Entonces se trataba de salir de la dictadura, mientras que ahora estamos en régimen democrático.
  • Entonces había un proyecto común claro (la democracia), mientras que ahora no se percibe un objetivo común.
  • Entonces había ilusión política, hoy prima el desencanto.

Principales circunstancias paralelas:

  • Entonces había que lograr la democracia, ahora hay que apuntalarla y recuperar su esencia.
  • Entonces había que elaborar una Constitución válida para todos, hoy es necesario modificarla, redibujar la Constitución de 1978 adaptándola a nuevos tiempos y nuevas necesidades.
  • Entonces se supo “escuchar”, hoy hay unos medios que facilitan enormemente la  “escucha activa” si potenciamos el arca de la actitud 2.0.
  • Entonces, como ahora, había que devolver protagonismo a la sociedad; con la diferencia de que eso entonces implicó blindar los partidos políticos y protegerlos, mientras que ese paso ahora debe suponer democratizar los partidos y descafeinar las férreas estructuras jerárquicas de sus aparatos.
  • Entonces el propio régimen franquista tenía que aprobar el cambio de régimen, ahora el colectivo político tiene que asumir su sacrificio y dejar paso una renovación de ideas, ilusiones y personas.
  • Entonces y ahora es imprescindible involucrar a todos, un gran pacto.

En definitiva, el gran homenaje a Adolfo Suárez no debe ser otro que asumir la enseñanza del gran pacto, la implicación colectiva, la escucha activa, la profundización democrática, la renovación de personas, el saneamiento de los usos políticos, la cesión de protagonismo a la sociedad.

A respetar el auto


Podemos leer que la juez ha decretado el archivo definitivo de la causa sobre Caja Navarra, donde se ha juzgado sobre el cobro por partida doble de dietas por asistir a las reuniones de la Junta de Entidades Fundadoras de Caja Navarra y su Comisión Permanente. El caso, para la Presidenta de Navarra, llegó hasta el Tribunal Supremo, quien archivó la investigación al no encontrar ilícito penal en la conducta, sin perjuicio de otro tipo de reproches en el terreno moral, ético o político.

Antonio Ansón 2013

Antonio Ansón 2013

Todo lo que no sea una condena penal es celebrado como una victoria por nuestros esforzados políticos.

Uno, en su ingenuidad, pensaría que es un duro castigo que una conducta vergonzosa fuese aireada y arrastrada hasta los tribunales de justicia. Claro que la exculpación penal sería un alivio, pero el reproche social seguiría siendo abrumador.

El Tribunal Supremo considera que la conducta merece algún tipo de reproche moral, ético o político. Pero lo que desconoce es que el lavado moral-ético-político existe. Solo hay que devolver lo injustamente percibido y hacer como que nada ha pasado. Y añadir el puntito agresivo: legal, todo es legal. Total, como es dinero de nuestros impuestos, ya se sabe lo que piensa toda una categoría de representantes públicos: que no es de nadie. O, mejor dicho, que es del que lo trinca.

Emplazarnos a respetar el auto tiene algo de desafío -conmigo no habéis podido- y de dedo de Bárcenas peinando el aire…

Entonces, es cierto. Nuestras élites extractivas nos han cogido las vueltas y no van a parar hasta dejar esto convertido en un erial.

El auto, lo respetamos. Que nadie vaya a la cárcel, si no tiene que ir.

La técnica de lavado moral-ético-político, no.

Que se vayan a su casa y salgan de la vida pública de una vez.

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Lo que falla es el modelo


Gerardo Bustos

Ya no vale eso de “haz lo que yo digo, pero no hagas lo que yo hago”. Las palabras no sirven para nada si se estrellan contra un comportamiento que las desmiente. En España sobran discursos y faltan modelos a seguir. Desde Andalucía hasta Cataluña, sobrevolando Madrid, haciendo una excursión a Valencia o pasando de puntillas por Galicia. Cuesta trabajo encontrar un ayuntamiento, una comunidad o un rincón de ejercicio de poder al que acogernos como un modelo a seguir. En España nos falla el modelo, no hay modelo ejemplar donde alguien nos lleve al huerto por sus hechos. Y cuando parece que lo hay, sólo es cuestión de tiempo.

Un viejo y querido amigo, del que bebo no pocas ideas a través de sus sabias palabras y de sus ricas vivencias, me impresionó un día con su teoría de que da igual lo que hablemos a los hijos, porque lo que realmente les aportamos es un modelo. Gracias a esa teoría, sus hijos viven. Niño de la guerra, creció exiliado en un país latinoamericano donde llegó a ser ministro. Pero antes pasó por unos años duros de dictadura y clandestinidad. Él ocultó en casa su actividad política y sus hijos bebieron de él un modelo de banalidad política. Gracias a eso, siguen vivos.

Mientras tanto, muchos compañeros de clandestinidad compartían en casa la aventura de su vida, discutían día a día los avatares políticos que vivían minuto a minuto con total riesgo. Un modelo tan atractivo para sus jóvenes e inquietos hijos, que muchos de ellos se aferraron a la fórmula de la reivindicación política como ilusión ardiente de juventud. Con tanta fe y pasión, que no pocos de ellos fueron apresados, torturados y arrojados al mar para hacerlos desaparecer.

La fuerza del modelo

Nunca he encontrado un ejemplo real tan vivo sobre la fuerza del modelo.  Porque de poco valen las palabras si no van acompañadas por gestos. Sobre todo, de nada valen unas preciosas teorías, si no caminan en la misma senda que el gran lenguaje de gestos que es el desarrollo de tu propia vida.

La sociedad española está viviendo, o sufriendo, esa falta de modelo. Y el empleado público también. Seguramente hay muchas más razones que expliquen la situación, pero yo me conformo con destacar tres que reúnen tres requisitos comunes: son fácilmente identificables, han echado raíces culturales y se podrían atajar con voluntad política y/o social.

1. El entramado político

Construimos desde la transición un entramado político con un fuerte apoyo a los partidos políticos para sortear la demonización que de ellos había hecho la dictadura. Era necesario apuntalar la democracia reforzando los instrumentos que organizan su gestión. Pero el bálsamo curativo de ayer es el origen de la enfermedad actual. Esos cuidados, tres décadas después, han generado un colectivo más preocupado por su protección y por el control de todos los poderes y de todos los resortes del poder, que por la pureza democrática. Se ha creado un sindicato de casta en el que las preocupaciones comunes son más fuertes que los matices diferenciadores de las siglas.

La falta de transparencia, el omnímodo poder de los aparatos, la disciplina obligada por miedo a ser apeados de las listas cerradas, el brazo poderoso del poder político sobre los otros poderes e instituciones y la financiación opaca e insaciable, han desvirtuado totalmente el papel motor de la sociedad que deberían tener las organizaciones políticas. La sociedad percibe a los políticos alejados y preocupados únicamente de sí mismos.

Se necesita políticos patriotas, preocupados por la sociedad y concienciados por su vocación de servicio. Lo suficientemente generosos como para entender que su actitud durante estas décadas arrastra a los políticos y a los partidos al descrédito. En definitiva, hunden la democracia en una hemorragia de decepción. De tal suerte, que crece la sensación de ver la democracia como un problema, cuando tiene que ser claramente la solución a nuestra vida organizada.

2. La religión

A veces miramos con envidia hacia el Norte, donde podemos ver como los ministros dimiten porque se descubre que décadas atrás se rindieron a la tentación del corta y pega al construir su tesis doctoral. De pronto descubrimos la palabra vergüenza y el verbo dimitir, peligrosamente combinados. Desgraciadamente por estos lares es más frecuente ver como nuestros hombres públicos silban mirando al techo mientras juegan al despiste.

Se habla mucho del carácter latino, pero no hay que olvidar el componente religioso del latino. Los católicos usan la Biblia para contarla, mientras que los luteranos ven la Biblia como un compendio de instrucciones para la buena conducta humana.

Un aspecto importante es la idea del trabajo. Para el católico el trabajo es un castigo de Dios, derivado del pecado original. El protestante considera que el trabajo es fundamental para el hombre, se honra a Dios a través del trabajo diario. Para éstos la profesión tiene un sentido ético-religioso, cuyo objeto es el cumplimiento en el  mundo de los deberes que a cada cual impone la posición que ocupa en la vida.

3.    La picaresca

El tercer elemento al que quería aludir es nuestra educación y cultura un tanto tramposas. La picaresca es un deporte nacional y el lazarillo de Tormes es nuestro héroe. La trampa, el truquillo, el sorteo de la realidad, la falta de rigor y la chapucilla en nuestro envoltorio natural, nos hacen gracia.

Pocos países habrá en los que un ciudadano ose presumir ante sus amigos de haber defraudado a hacienda. Aquí hay gente, demasiada gente, que no sólo se cuela en el autobús, sino que además tiene la necesidad imperiosa de presumir de ello. Y lo que es peor, siempre encontrará un coro memo que le ría la gracia.

 El error es la respuesta

No somos capaces de tener un listado del bien y del mal objetivo y claro, porque hasta para eso nos instalamos en el “depende”. Sobre todo, depende de quién. Quiero decir que somos capaces de actuar, incluso con nuestro voto, “comprendiendo” a los nuestros. Rechazamos los actos en función de su actor, no en función del hecho. Miramos a los transgresores no como transgresores sin más, sino como “nuestros transgresores” o los “otros transgresores”.

Ahí está la trampa; en la respuesta. La respuesta es el modelo y nuestro modelo acaba siendo, como la respuesta, un “depende”. Independientemente del signo que sea, porque éste es un mal nacional por encima de las ideologías, nuestros políticos nos vuelven locos a los ciudadanos, a las instituciones, a las Administraciones Públicas, a los poderes del Estado. Se diría que molestan todas las figuras institucionales que aplican su marco de control y encomienda social: los inspectores de hacienda, los jueces, las fuerzas de seguridad, los interventores, las mesas de contratación, etc.

Demasiado marxista suelto

Dice Tolstoi en “Confesión” que “cuanto más elevados son esos ideales, más avanza la humanidad hacia la felicidad suprema”. Quizá eso explique que se esté generando una sociedad de infelices. En realidad aquí lo que parece es que tenemos mucho marxista suelto (de Groucho, marxiano), haciendo honor a aquella soberbia línea maestra de “estos son mis principios, pero si no te gustan tengo otros”.

Tenemos una sociedad huérfana de modelo, porque los comportamientos no son imitables y el discurso oscila con el “depende”. Un caldo de cultivo ideal para que aparezca alguien con el discurso claro y expreso desde un vértice tirano. Así se desarrollaron los fascismos hace menos de un siglo.

La reforma permanente

Vivimos en la reforma permanente desde la transición hasta nuestros días. Pero salvo en los comienzos, donde hubo un gran proyecto nacional y un gran pacto, el resto del camino reformista se ha hecho a base de retazos, parcelas y parcheos. Ni gran proyecto ni, por su puesto, gran pacto.

Y aquí es donde me parece imprescindible a estas alturas de la película plantear que la gran reforma pendiente es cultural, de educación cívica. Llevamos décadas dando vueltas a las reformas, para no entrar de lleno en el problema fundamental: los comportamientos como expresión modélica de las ideas.

Los comportamientos sociales pueden variar. Salvando las distancias, vemos como en estos treinta años la cultura cívica del conductor ha cambiado radicalmente en España. Prueba evidente de que los comportamientos y las culturas de un país pueden evolucionar en la línea adecuada, especialmente si todos remamos en la misma dirección.

El funcionario mira al vértice de la pirámide

En este marco, la administración lleva varios años viviendo su peculiar falta de modelos. La Administración, las Administraciones Públicas, son extremadamente jerárquicas. El funcionario siempre mira hacia arriba, pero desde dentro percibe mejor y más pronto los divorcios entre palabras y comportamientos.

Un ejemplo universal: no hay político que se precie que no presuma de reducir las estructuras administrativas. Y el funcionario oye ese discurso mientras asiste al espectáculo de la ingeniería del lenguaje, el rico florecer de unidades sucedáneas con nombres al margen de la estructura para que escapen a los recuentos homologados: departamentos, divisiones, unidades de apoyo, direcciones técnicas, vocales asesores con mando en plaza, etc.

Con lo fácil que sería darle valor no a decir que se han reducidos las estructuras, sino a reconocer la realidad y contarla con la mayor sinceridad del mundo.

Ya he comentado al principio que los problemas señalados se pueden atajar con voluntad política y social. Y la verdad es que cuesta trabajo entender a qué esperan nuestros políticos para tener esa voluntad política y a la sociedad española para exigírsela. No vamos a ser un país serio mientras quienes nos dirigen, aspiran a dirigir y administran no tengan un comportamiento ejemplar y coherente, acorde al discurso y al proyecto que nos ofrecen.

Nada mejorará tanto la productividad del funcionario como un chorreón de comunicación interna y una buena hemorragia de sinceridad, claridad y honestidad con el lenguaje.

Cuando la Administración paga plástico a precio de hamburguesa


Gerardo Bustos

Al toque generalizado del ahorro, se están amortizando vacantes al por mayor sin criterio selectivo, y eso está suponiendo que los huecos de proyecto y actividad se cubren como sea. Las más de las veces, con directivos y predirectivos que acuden a apagar el fuego a tiempo parcial. De esta manera, pagamos grupos A1 para que una parte de su tiempo la destinen a hacer trabajos de C1. Ya se sabe que lo barato sale caro.

A golpe de plástico

Se ha extendido en muchas carnicerías la costumbre de despachar la carne con unas bandejitas de espuma con muy buena pinta. Terminan el envoltorio con vueltas de plástico retráctil derrochado con pasmosa generosidad. Te lo pesan, lo pagas y te vas tan feliz. Todo limpísimo, impecable, perfectamente empaquetado. Ya puede serlo, claro, porque realmente te han pesado la ternera con el envoltorio. Es decir, has pagado unos gramos de plástico a precio de ternera.

CC Foter

Pues yo tengo la impresión de que en la Administración vivimos una experiencia parecida a la de las carnicerías. En el marco del ahorro que todo lo puede, se suprimen vacantes por el sólo hecho de quedar “sin bicho”. Se cuantifica en bruto el ahorro del puesto de trabajo, pero no se mide lo que ese puesto deja de producir. Es decir, un pan como unas tortas.

El síndrome de Nuria

Días atrás nos sorprendía la noticia de que Nuria Martí, una bióloga española, forma parte del equipo de científico de Oregón (USA) que ha logrado por primera vez células madre embrionarias clonadas (el mismo ADN) de un adulto. Una tremenda revolución de la ciencia y el milagro de que una española esté entre los científicos del descubrimiento.

¿Milagro? Que va, lo de siempre: Otros han valorado lo que aquí hemos despreciado. Eso sí, alguien en su día trazó una línea roja sobre un nombre y gritó la frase mágica: ahorro administrativo. Lo cierto es que la bióloga fue víctima de un ERE en 2011 en el Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia.  El ERE supuso la pérdida de empleo de 114 de los 244 trabajadores y, lo que es peor, la pérdida de 12 de las 26 líneas de investigación.

Vista la habilidad selectiva del ERE, uno cae en la tentación de pensar que lo planearon los de Oregón, para llevarse a Nuria. Con la misma facilidad con la que los alemanes se llevan nuestros ingenieros “sobrantes”, ésos que nos ha costado formar unos cuantos miles de euros al año en la universidad pública.

No es un caso aislado, porque el “síndrome de Nuria” es una mala manera de hacer las cosas, una línea generalizada de actuación a este lado de los Pirineos. A la ligera, superficial, a prisa y corriendo, improvisando, dando a la máquina de la ocurrencia, sin meditar, que eso desgasta. En definitiva, sin un plan serio y meditado. Pensando (se supone) en el corto plazo y sembrando puntapiés al futuro.

Desenfreno jibarizador

Con la ola de ardor jibarizador, una vacante dura menos que un pastel en la puerta de un colegio. Se evapora a bulto al clamor de “uno menos”. No se mide qué es lo que se deja de hacer, qué servicio se dará más deficiente a partir de ahora, si ese puesto es el que sobraba en caso de sobrar alguno. Nada de eso, la razón que lo puede todo es la línea tachada en la relación de puestos de trabajo (RPT), envuelta en la etiqueta “ahorro administrativo”.

El planteamiento, además de escasamente eficaz, tiene algunos tintes insultantes. Está basado en la suposición de que todos los funcionarios sobran, de manera que al suprimir su puesto todo sigue igual. Con ese criterio no es necesario pensar: si hay uno menos, un ahorro en la “RPT” y sin consecuencias negativas. Pero es un criterio inconsistente. Sería lo mismo que decir: no hay presupuesto para luz, así es que no vengáis y ahorramos en energía eléctrica. Como si dejar cerrada la escuela o el hospital, por ejemplo, no implicara coste.

Despilfarros vestidos de ahorro

Y es, sobre todo, un planteamiento ineficaz, por indiscriminado y carente de planificación. Primero porque eso genera un movimiento de actuaciones, algunas de las cuales llegan al absurdo de ver como niveles superiores parchean como pueden, incluso con ellos mismos, los huecos dejados por niveles inferiores. En la práctica, por ejemplo, puedes estar pagando grupos A1 y niveles 28 o 30, que dedican parte de su tiempo y su preparación a cubrir huecos dejados por A2 o C1. Como la carnicería, pagando la envoltura a precio de carne. ¿Ahorro o despilfarro?

Pero lo más ineficaz de todo este planteamiento es el hecho de que de esta manera el dibujo a medio plazo de las RPT va  a estar determinado por las líneas de jubilación y no por las dosis de planificación.

Puede parecer una exageración, pero sólo es realidad aumentada para verlo más claramente.

Dibujar un plan 2.0

La estructura de la Administración no ha variado en décadas. Las Comunidades Autónomas que podrían haber articulado un marco diferente, han mimetizado excesivamente la estructura de la Administración General. Y los ayuntamientos, en cuando han contado con medios en estos años atrás del espejismo del ladrillo, han crecido mirándose en el espejo de la Administración General. Es decir, las estructuras y el diseño son arcaicos, responden a otros momentos.

Esas es estructuras no han variado en su diseño a pesar de toda la evolución de las comunicaciones, la búsqueda y gestión de información, la importancia de los contenidos, la electrónica, la tecnología. No han variado en lo sustancial a pesar de que internet ha cambiado radicalmente la mentalidad de un ciudadano que ahora quiere saber, participar y compartir, desde dentro, sin distancias.

El parcheo del ahorro de vacantes no es válido. Menos cuando lo que se plantea es si la estructura sirve o no sirve a nuestro momento. Precisamente las herramientas actuales son las mejores que ha habido nunca para implicar a todas las Administraciones y a todo el personal de esas administraciones, generando un gran debate que ayude a articular un gran plan sobre las estructuras y las RPT de las Administraciones.

Una sociedad 2.0 necesita una Administración 2.0 en toda su dimensión.

Se trata de determinar primero qué necesita actualmente la sociedad de la Administración. Y cuando eso esté claro, dibujar una nueva estructura administrativa y las RPT adecuadas para dar respuesta a esa necesidad.

La reforma de la Administración local: el informe


@Antonio_Anson

El Consejo de Ministros ha examinado y aprobado el informe del MINHAP sobre el anteproyecto de reforma de la Administración local, abriendo paso a que se presente el proyecto ante las Cortés Generales. No voy a repetir los objetivos de la reforma, que ya han sido examinados en otro post, sino señalar algunos de los aspectos destacables del informe que ha examinado el Gobierno.

Las competencias de Educación y Sanidad serán exclusivas de las Comunidades Autónomas. Se establece un período transitorio de cinco años para el cambio progresivo de titularidad de las competencias. En el caso de los servicios sociales, el periodo transitorio será de un año.

El sueldo de los miembros de las corporaciones locales se fijará anualmente en los Presupuestos Generales del Estado según la población del municipio y limitado al de Secretario de Estado.

Se reduce el número de personal eventual y de cargos públicos con dedicación exclusiva en función de la población del municipio.

Se suprimen las llamadas “competencias impropias”. Dicho lo cual, se afirma que, sin embargo, cuando esté garantizada la prestación de los servicios obligatorios, se podrán prestar otros servicios no obligatorios. Parece que esto debe ir acompañado de una regla de eficiencia.

No sé qué pensar, porque también se habla de un proceso de evaluación de los servicios municipales por el MINHAP “para conocer su coste real y comparar con el eficiente”. Ahí es nada. Conocer el coste real ya me parece una tarea titánica. Hablar de comparar con el coste eficiente, va mucho más allá y en la España del descontrol financiero municipal suena a ciencia ficción. Pero sea bienvenido ese criterio.

Mas adelante, la nota del Consejo de Ministros dice que si no se puede mantener el servicio, se debe suprimir. Supongo que se refiere a mantener el equilibrio financiero. Por lo que parece, los servicios no obligatorios se deberán financiar con tasas que cubran ese coste o con precios públicos que arrojen suficientes ingresos al balance. A este equilibrio financiero habrá que añadirle la regla de eficiencia. Un criterio intuitivo de lo que puede suponer esta regla de eficiencia es que si este servicio o uno similar se presta por la Diputación o por la Comunidad a un coste inferior por usuario, el municipio NO debe prestar el servicio no obligatorio o impropio, mientras que si lo hace de manera eficiente, una vez garantizados los servicios públicos municipales obligatorios, no habría mayor problema en prestarlo.

Para que esta regla de eficiencia sea posible, creo que no deben financiarse los servicios impropios con impuestos ni con subvenciones, sino que su financiación debe ser a través de los precios o tasas que los usuarios estén dispuestos u obligados a pagar. Lo contrario impediría evaluar adecuadamente el equilibrio financiero al hacerlo recaer no solo sobre los usuarios, sino sobre todo el universo de contribuyentes.

La delegación de competencias al municipio, cuya duración no será inferior a cinco años, irá siempre acompañada de la financiación íntegra de la misma.

Las mancomunidades y las entidades locales menores se someterán al mismo proceso de evaluación. Si no lo superan, serán disueltas. Los servicios de las mancomunidades pasarán a depender de las Diputaciones, mientras que los de las entidades locales menores dependerán de los municipios. Lo cierto es que se afirma en la nota del consejo de ministros que las mancomunidades y entidades locales menores que no presenten cuentas en el plazo de tres meses se disolverán, sin más matices. Pero esto, la presentación de cuentas, no parece sino un requisito burocrático fácil de cumplir, frente a una revisión de esas cuentas y una evaluación de eficiencia que puede prolongarse años o no llegar a completarse nunca.

Asimismo, se revisa el sector público local y sus organismos dependientes. Los Ayuntamientos no podrán crear ningún organismo nuevo durante la vigencia de su plan de ajuste y deberán corregir mediante un plan de saneamiento la situación de déficit de sus empresas dependientes, o liquidarlas.

Por último, la reforma refuerza la función interventora en las entidades locales y se habilita al Gobierno para establecer las normas sobre los procedimientos de control. También se regula parcialmente el régimen de los funcionarios de la Administración Local con habilitación de carácter nacional que dependerán funcionalmente del Estado.

Es la primera propuesta para una gran reforma de las Administraciones Publicas que se presenta ante el parlamento. Se dice que se han incorporado la propuestas de los ciudadanos, pero la tónica ha sido, presumiblemente, la de siempre. Un tramite de información publica, reuniones con grupos de presión y asociaciones representativas y cocina, mucha cocina para el cliente interno (partidos políticos).

Ha desaparecido del proyecto toda idea de supresión o refundición de municipios, que permitiría confiar el gobierno local a municipios con una dimensión viable para la prestación de los servicios públicos obligatorios. Se refuerza el papel de la decimonónica provincia, través de la institución menos democrática, la Diputación Provincial, protagonista destacada de la corrupción política que nos azota. La supresión de mancomunidades y entidades menores, depende de un tramite burocrático de presentación de cuentas y de una evaluación de eficiencia como nunca hemos conocido en este país.

Si así están las cosas, de Cora, mejor no hablamos (en realidad, tampoco se oye nada nuevo). Mantengamos la calma. Todo esto, traslada a un futuro lejano, pero previsiblemente más feliz, la solucion de los problemas. Y pensar en un futuro mejor tiene un efecto sedante natural , que no precisa receta ni euro sanitario. Al menos eso parecen pensar nuestros gobernantes.

Un titular equivocado: lo público visto por lo privado


@Antonio_Anson

La semana pasada en una entrevista en Catalunya Radio, el presidente de la patronal, Juan Rosell, afirmó que si se confirmaran los supuestos pagos en negro del extesorero del PP Luis Bárcenas a políticos de la cúpula del partido supondría un “desprestigio total de la función pública”.

Ahí es nada.

La función pública, con sus miles de servidores, desprestigiada una vez más. Y esta vez por la presunta o posible actuación, o no, del ex tesorero de un partido político.

Pero lo que no alcanzo a entender es la alambicada asociación de ideas que une el destino de la función pública a unos supuestos pagos en negro. Es difícil penetrar en los pensamientos de nuestros mayores.

A la vista de lo anterior diría, ya sin ironía, que se confunden con demasiada facilidad las organizaciones públicas (la Administración Pública) con las instituciones políticas y con los políticos que dirigen las Administraciones. Así, por ejemplo Antoni Garrell (Co-fundador del Cercle per al Coneixement i Des de 1998 Director General de la FUNDIT) nos obsequia hoy con este tuit respondiendo a la periodista Pilar Velasco.

Renovar las organizaciones públicas está muy bien, pero acusarlas de modos fraudulentos de actuación es una cosa muy diferente.

La paradoja: no veo tan dispuestos a los paladines de lo privado frente a lo público a hablar de lo suyo, de la realidad que deberían conocer, y denunciar llegado el caso. Porque, señores, ¿pueden decirnos si los empresarios, algunos empresarios, financian ilegalmente a los partidos políticos?

Y de ser así, ¿pueden decirnos qué obtienen a cambio?

Porque popularidad, respeto  y prestigio social, parece que no.

La reforma de la Administración vendrá de dentro


desierto

Antonio Ansón. Licencia CC

@Antonio_Anson

La reforma de la Administración necesita liderazgo, innovación, sensibilidad a la realidad social, transparencia  y compromiso.

Son las situaciones de crisis las que facilitan que se replanteen las estructuras, acuciados por la necesidad de seguir adelante. Pero en estos días no se percibe sobre el ruido de declaraciones huecas, ninguno de los elementos anteriores. Estos días se parecen sospechosamente a los anteriores y a los de más allá, hasta donde recuerda nuestra memoria.

No hay liderazgo en nuestra sociedad cuando más falta nos hace, ¿y pensamos que lo habrá para implantar reformas en la Administración?

Para innovar hay que querer cambiar algo. Hay que estar abierto a ideas nuevas, ser creativo. Pero en la Administración no hay ahora ventanas abiertas a la sociedad, ni diálogo, ni cauces para hacerlo ¿De verdad se quiere innovar?

Nuestros partidos no son transparentes. Ni las instituciones, ¿cómo vamos a pedírselo, entonces, a las Administraciones Públicas?

Hay un gran abismo entre la forma de pensar de ciudadanos y políticos españoles (eso que para abreviar hemos dado en llamar la clase política, que ni es clase, ni tiene clase, ni parecen haber ido a clase), ¿y pensamos que habrá una reforma acorde a lo que demandan los ciudadanos?

El compromiso lo genera el liderazgo, la motivación, las ganas de cambiar, la confianza… En su ausencia, los trabajadores públicos se han sentido presentados ante la sociedad como el espantajo de lo público ¿Dónde buscamos ahora el compromiso?

Si todo lo anterior no es posible, rompamos esa cadena lógica que dice que en la Administración todo viene de arriba y generemos dentro de ella liderazgo, innovación, sensibilidad a la realidad social, transparencia  y compromiso ¡Atención!, porque es un coctel explosivo que no resistirán muchas instituciones.

La reforma vendrá de dentro… o no la habrá.